Русский
ru
Azərbaycan dili
az
Gjuha shqipe
sq
English
en
العربية
ar
հայերեն
hy
Afrikaans
af
Български език
bg
Cymraeg
cy
Magyar nyelv
hu
Việt ngữ
vi
Ελληνικά
el
ქართული ენა
ka
Dansk
da
עִבְרִית
he
Bahasa Indonesia
id
es
Íslenska
is
Gaeilge
ga
italiano
it
Қазақша
kk
Gĩgĩkũyũ
ki
中文
zh
한국어, 조선말
ko
Κurdî
ku
Кыргыз тили
ky
Latviešu
lv
Lietuvių kalba
lt
Македонски
mk
Bahasa Melayu
ms
Malti
mt
Монгол хэл
mn
Deutsch
de
Nederlands
nl
Norsk
no
język polski
pl
Português
pt
Limba română
ro
Cebuano
ceb
Српски
sr
slovenčina
sk
kiswahili
sw
Tagalog
tl
Тоҷикӣ
tg
ภาษาไทย
th
Тыва дыл
tyv
Türkçe
tr
اردو
ur
Ўзбекча
uz
فارسی
fa
suomi
fi
Français
fr
हिन्दी
hi
Hrvatski jezik
hr
Český jazyk
cs
Svenska
sv
eesti keel
et
日本語
ja

Реквизиты для пожертвований:

41001409981867

Oraciones para antes de comulgar Cómo prepararse para la comunión.

Para prepararse en forma correcta para comulgar, existe una regla especial de oraciones. Se compone de tres cánones: al Dulcísimo Cristo, a la Madre de Dios y al Ángel Guardián, un Akathistos y las oraciones antes de dormir; a la mañana, las oraciones de la mañana, el canon a la Santa Comunión y las oraciones para antes de comulgar.

Recordemos que de los siete días de la semana, sólo uno (en el mejor de los casos) le dedicamos al Señor. Y es más, de ese día sólo una pequeña fracción. Por eso, estas reglas no son difíciles de cumplir con buena voluntad y sentimiento cristiano. Recuerda que en otras ocasiones de la vida, te son impuestas reglas que cumples sin renegar por el simple hecho de que quieres conseguir algo. ¿No quieres conseguir ser digno del Reino de Dios?

Ayuno: Para el sacramento de la Santa Comunión es imprescindible prepararse con ayuno, o sea con oración, abstinencia y sentido de humildad cristiana en espíritu y comportamiento. Además, confesarse.

Oración en la casa y en la iglesia: Los que desean comulgar en forma correcta con los santos y preciosos Dones de Cristo deben prepararse, orando más frecuentemente y con más fervor en su casa a la mañana y a la noche. También, de acuerdo con sus posibilidades, acudir a la iglesia durante la semana si hay oficios. Si las ocupaciones o el trabajo dificultan la concurrencia al templo, se acudirá conforme con lo que permitan tales obligaciones, pero se debe acudir sin falta al oficio de vigilia el día anterior a la liturgia en la que uno desea comulgar.

Abstinencia: Hay que comer y beber menos que de costumbre.

Espíritu y comportamiento: Los que se preparan para la Santa Comunión concientemente y en lo más profundo deben aceptar su iniquidad, su insignificancia frente a Dios. Deben hacer las paces con todos y cuidarse, tratando de no despertar en ellos mismos el sentimiento de odio e intemperancia. Se esforzarán en no juzgar, vigilando pensamientos y conversaciones. En esos días, se debe renunciar a las distracciones, espectáculos o fiestas que puedan dar motivo para caer en el pecado (teatro, cine, televisión, etc.). Deben reflexionar sobre la grandeza del sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo pasando el tiempo en forma reservada, en la lectura de las escrituras y de libros religiosos de acuerdo, sinceramente, con sus posibilidades.

Confesión: Quien se prepara para la Comunión debe confesar el día anterior, preferentemente antes de las vísperas. Llegar con arrepentimiento sincero, abriendo su espíritu con corazón limpio, sin ocultar ningún pecado cometido. Antes, hay que hacer las paces con los que nos ofenden y con los que hemos ofendido. El perdón se pide así: "Perdóname a mí pecador porque he pecado delante de ti." A lo que se contesta: "Dios te perdone, perdóname a mí, pecador." Durante la confesión es mejor no esperar las preguntas del sacerdote, sino comenzar a decir lo que pesa en el alma, sin justificarse ni echar culpas a otros. Se aconseja, confesar siempre primero lo que nos da más vergüenza y de ahí en más seguir. De esta forma, habiendo manifestado el más grave de los pecados, le es mucho más facil continuar con su confesión. Lo primero que debemos confesar (aparte de todo otro hecho sucio y vergonzoso) es que a Dios no lo amamos como Él nos ama, porque si lo amásemos, entonces no nos comportaríamos como lo hacemos. En esto reside el verdadero temor de Dios, o sea el temer hacerle daño al Creador, quien nos ama y al que amamos, con nuestros pecados. Es mejor confesarse en la vigilia, para dedicar la mañana a la oración antes de la Comunión. En casos excepcionales puede uno confesarse a la mañana, antes de la liturgia, conviniéndolo con el sacerdote, pero nunca durante el desarrollo de la misma (se permite esto sólo en casos extremos). Acercarse a confesar cuando la liturgia ya comenzó, es una falta de respeto hacia el Grandioso Sacramento (salvando las distancias, recordad que si llegáis alguna vez tarde a algún espectáculo, no os dejan entrar a la sala. ¿Qué es más importante? Recordad también la parábola de las diez Virgens [S. Mateo 25:113]).

Habiendo confesado, se debe tomar sin falta la firme decisión de no repetir los antiguos pecados. Sin confesión nadie puede comulgar, excepto los que están en peligro de muerte. Existe la costumbre piadosa de no comer ni beber después de la confesión y antes de la Comunión. Y por supuesto no mutilar al cuerpo con el cigarillo y otro tipo de vicios que aprisionan al hombre.

Sin excepciones, se prohibe todo esto después de la medianoche. Hay que acostumbrar a los niños, desde temprana edad, la abstinencia y el ayuno antes de la Comunión. Muchos cristianos piadosos se abstienen del diálogo, después de la confesión y hasta salir del templo en el día de la Comunión.

Antes de la Comunión y en su transcurso: Antes de la apertura de las Puertas Reales y de la presentación de los Santos Dones, preferentemente después del "Padre Nuestro," el comulgante debe acercarse al ambón, para esperar los Santos Dones con fe, devoción y temor de Dios. En el momento de tomar la Comunión, se deja paso en primer lugar, a los recién bautizados, luego a los niños. Acercándose al Cáliz, desde lejos, los días domingo y los festivos, se hace una reverencia. Los días comunes, una postración. Las manos se cruzan sobre el pecho en forma de cruz apoyando la izquierda sobre la derecha. Frente al Cáliz, se pronuncia claramente el nombre recibido con el bautismo y con grave conciencia del sagrado momento que se está viviendo frente al Sacramento, con reverencia se abre la boca y se recibe, en ella, el Cuerpo y la Sangre de Cristo y se ingiere al instante. Estando ya frente al Cáliz no debe el comulgante persignarse antes ni después de comulgar, para evitar el golpearlo accidentalmente (al Cáliz).

Después de la Comunión: Luego de recibir los Sacramentos, sin persignarse besar el borde del cáliz y retirarse hacia la mesa, para beber un poco de vino con agua tibia y servirse un trozo de prósfora (esta tradición tiene dos razones de ser: 1) El vino ayuda a ingerir completamente la Comunión, no permitiendo, de este modo, que queden restos de ella en la boca, 2) Para que repongan fuerzas aquellos que se mantuvieron en ayuno antes de comulgar). No retirarse de la iglesia hasta haber escuchado en silencio las oraciones de agradecimiento. En el día de la Comunión, no escupir, no comer mucho, no embriagarse y en general comportarse con reverencia y orden, para "conservar en forma limpia a Cristo recibido."

Oraciones:

Oh, Rey Celestial, Consolador, Espíritu de la Verdad, que estás en todas partes y llenas todas las cosas, Tesoro de todo lo bueno, y Dispensador en la Vida, ven y mora en nosotros, purifícanos de toda mancha y salva nuestras almas, Oh Bondadoso.

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros (3 veces).

Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

Amén.

Oh, Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Oh, Señor, perdona nuestros pecados. Oh, Soberano, absuelve nuestras transgresiones; Oh, Santo, mira y sana nuestras debilidades por Tu nombre. Señor, ten piedad (3 veces).

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos Amén.

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre. Vénganos Tu Reino, hágase Tu voluntad en el cielo así como en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy, y perdona nuestras deudas, así como también nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en tentación, más líbranos del maligno. Porque Tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Señor, ten piedad. (12 veces)

Venid adoremos al Rey, nuestro Dios. Venid adoremos y prosternémonos ante Cristo Rey, nuestro Dios. Venid adoremos y prosternémonos ante Cristo mismo, Rey y Dios nuestro.

Salmo 50

Ten piedad de mí, ¡oh, Dios!, conforme con tu gran misericordia. Según la multitud de tus piedades, borra mi iniquidad. Lávame más y más de mi maldad y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mi iniquidad y mi pecado está siempre ante mí. Sólo contra Ti he pecado y lo malo hice delante de Ti. A fin de que perdonándome, aparezcas justo en cuanto hables y quedes victorioso en los juicios que de Ti se formen. En iniquidad he sido concebido y en pecado me dio a luz mi madre. Tú amas la verdad, Tú me revelaste los secretos y recónditos misterios de tu sabiduría. Rocíame con hisopo y seré purificado; me lavarás y quedaré más blanco que la nieve. A mi oído darás gozo y alegría y se regocijarán mis huesos abatidos. Aparta tu rostro de mis pecados y borra todas mis iniquidades. Crea en mí, ¡oh, Dios!, un corazón puro y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me apartes de tu rostro y no quites de mí tu Espíritu Santo. Devuélveme la alegría de tu salvación y confórtame con Espíritu Soberano. Enseñaré a los prevaricadores tus caminos y los pecadores se convertirán a Ti. Líbrame de la sangre, ¡oh Dios, Dios de mi salvación! y proclamará gozosa mi lengua tu verdad. Señor, abre mis labios y mi boca publicará tu alabanza. Porque si hubieras querido sacrificio, los hubiese ofrecido; no quieres holocausto. El espíritu compungido es el sacrificio para Dios; un corazón contrito y humillado Dios no lo despreciará. Haz bien, Señor, con tu benevolencia a Sión, edifica los muros de Jerusalem. Entonces te agradarán los sacrificios de verdad, las ofrendas y los holocaustos; entonces ofrecerán becerros sobre tu altar.

Canon a Nuestro Señor Jesucristo (tono 2º)

Canto 1

Irmos: En lo profundo de los tiempos, el infinito Poder abrumó a todo el ejército del Faraón. El Verbo Encarnado consumió el pernicioso pecado. Extraordinariamente glorioso es el Señor, pues gloriosamente fue glorificado.

Dulcísimo Jesús, sálvame.

Tropario: Jesús dulcísimo Cristo, Jesús pacientísimo, cura las llagas de mi alma, Jesús, y dulcifica mi corazón, ¡oh! muy Misericordioso, te ruego, Jesús mi Salvador, que siendo salvado por Ti, te glorifique.

Dulcísimo Jesús, sálvame.

Jesús dulcísimo Cristo, Jesús, ábreme la puerta del arrepentimiento, ¡oh! Jesús, Amante de la humanidad, recíbeme, Jesús Salvador mío, que me arrojo a tus pies, y ferviéntemente imploro el perdón de mis pecados.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: Jesús dulcísimo Cristo, Jesús, arrebátame de la mano del mentiroso belial, ¡oh, Jesús!, concédeme permanecer a la diestra de tu gloria, ¡oh, Jesús Salvador mío!, que me liberas del designio siniestro.

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. ¡Oh! Soberana que diste a luz a Jesús Dios, ruega por nosotros, inmerecedores siervos, para que por tus oraciones, ¡oh! Purísima, nosotros que estamos manchados podamos ser librados de tormento, ¡oh! Inmaculada, y podamos disfrutar la gloria eterna.

Canto 3

Irmos: Al arraigarme en la piedra de la fe, Tú me has dado poder sobre mis enemigos, y mi espíritu se alegra cuando canto: No hay nadie tan santo como nuestro Dios y nadie tan recto como Tú, ¡oh! Señor.

Dulcísimo Jesús, sálvame.

Tropario: ¡Oh! Amante de la humanidad, Jesús mío, oye a tu siervo, con ternura, clamándote; líbrame de condenación y castigo, ¡oh! Único pacientísimo, dulcísimo y Muy misericordioso Jesús.

Dulcísimo Jesús, sálvame.

¡Oh! mi Jesús, levanta a tu siervo, postrado con lágrimas; mi Jesús, y sálvame; Jesús mío. Y de la gehena, Señor, a mí arrepentido, líbrame, dulcísimo y Muy misericordioso Jesús.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: ¡Oh! mi Jesús, el tiempo que me diste lo he malgastado en pasiones, ¡oh! mi Jesús. No me rechaces, ¡oh! mi Jesús, mas llámame, te ruego, ¡oh! Señor, ¡oh! dulcísimo Jesús y sálvame.

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. ¡Oh! Virgen que diste a luz a mi Jesús, ruégale que me salve de la gehena, Única defensora de los ofendidos, ¡oh! Llena de gracia divina y concédeme vida sin envejecimiento, ¡oh! Purísima.

Señor, ten piedad. (3 veces)

Sedalion, tono 1º: ¡Oh! Jesús mi Salvador, Tú salvaste al pródigo, Jesús mi Salvador, Tú aceptaste a la pecadora, y ahora ten piedad de mí Muy misericordioso Jesús; ten compasión y sálvame, ¡oh! Jesús, mi Bienhechor, como tuviste ¡oh! Misericordioso, compasión de Manasés, mi Jesús, único Amante de la humanidad.

Canto 4

Irmos: Viniste de una Virgen, no como embajador ni como ángel, sino como el mismo Señor encarnado, y me salvaste. Por lo tanto te clamo: Gloria a tu Poder, ¡oh! Señor.

Dulcísimo Jesús, sálvame.

Tropario: ¡Oh! mi Jesús, cura las llagas de mi alma, mi Jesús, te ruego y arrebátame de la mano de belial, corruptor de almas, ¡oh! mi Jesús, Bienhechor y sálvame.

Dulcísimo Jesús, sálvame.

¡Oh! mi dulcísimo Jesús, he pecado. Bienhechor, Jesús mío, sálvame que corro a tu protección y hazme merecedor de tu reino, ¡oh! Pacientísimo Jesús.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: Nadie ha pecado como yo, ¡oh! mi Jesús, miserable como soy; pero me prosterno rogando: sálvame ¡oh! mi Jesús, y concédeme heredar la vida, mi Jesús.

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. ¡Oh! Virgen por todos cantada, que diste a luz a Jesús, el Señor, implórale que libre de tormento a todo el que te canta y te llama verdaderamente, Madre de Dios.

Canto 5

Irmos: ¡Oh! Tú que eres la Luz de los que yacen en la oscuridad y la salvación de los desesperados, ¡oh! Cristo mi Salvador, te ofrezco matutinos, ¡oh! Rey de paz. Alúmbrame con tu resplandor, porque no conozco otro Dios sino a Ti.

Dulcísimo Jesús, sálvame.

Tropario: ¡Oh! mi Jesús, Tú eres la luz de mi mente y la salvación de mi alma desesperada, mi Jesús, mi Salvador. Líbrame, te imploro, del tormento y del llamado de la gehena. Sálvame, ¡oh! Cristo, mi Jesús, miserable como soy.

Dulcísimo Jesús, sálvame.

Completamente entregado a pasiones vergonzosas, ahora clamo, mi Jesús, extiéndeme una mano, mi Jesús, y arrebátame mientras imploro: sálvame, ¡oh! Cristo, mi Jesús, miserable como soy.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: Corrompida mi mente, ¡oh! Jesús mío, clamo a Ti glorificándote: límpiame de la suciedad del pecado y redímeme porque me he arrastrado a lo profundo de la iniquidad por mi ignorancia, y sálvame, ¡oh! Salvador, mi Jesús, te ruego.

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. ¡Oh! Virgen Madre de Dios que diste a luz a Jesús, implórale a Él que salve a todos los monjes, sacerdotes y fieles ortodoxos, y que libre de la gehena a quienes claman: No conocemos más fuerte intercesión que la tuya.

Canto 6

Irmos: Arrastrándome al abismo del pecado apelo al insondable abismo de tu compasión: levántame de la corrupción, ¡oh! Dios.

Dulcísimo Jesús, sálvame.

Tropario: ¡Oh! muy misericordioso Cristo, mi Jesús, acéptame, que confieso mis pecados, ¡oh! Señor, sálvame y arrebátame de la corrupción, ¡oh! Jesús.

Dulcísimo Jesús, sálvame.

¡Oh! mi Jesús, nadie ha sido tan pecador como yo, ni apasionado como soy, ¡oh! Jesús; pero Tú, ¡oh! Jesús, que amas a la humanidad, sálvame.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: ¡Oh! mi Jesús, con mis pasiones he sobrepasado al hijo pródigo y a la pecadora, a Manasés y al publicano, ¡oh! mi Jesús, al ladrón y a los ninivitas, ¡oh! Jesús.

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. ¡Oh! Tú que diste a luz a mi Jesucristo, ¡oh! única Inmaculada y Pura Virgen, corrompido como soy, límpiame ahora con el hisopo de tus oraciones.

Canto 7

Irmos: Cuando el ídolo de oro fue reverenciado en la llanura de Dura, tus tres jóvenes despreciaron la orden infiel, y arrojados al fuego recibieron frescor de brisa y rocío, cantando: "Bendito eres Tú, ¡oh! Dios de nuestros padres."

Dulcísimo Jesús, sálvame.

Tropario: ¡Oh! Cristo Jesús, nadie en la tierra ha pecado como yo desde el principio de los tiempos, ¡oh! mi Jesús, réprobo y pródigo como soy. Pero clamo a Ti, mi Jesús: ten compasión de mí que canto "Bendito eres Tú, ¡oh! Dios de nuestros padres."

Dulcísimo Jesús, sálvame.

¡Oh! Cristo Jesús, sométeme a tu temor, te ruego, ¡oh! Jesús mío y guíame a tu puerto sereno, ¡oh! mi generoso Jesús, a Ti canto mi Salvador: "Bendito eres Tú, ¡oh! Dios de nuestros padres."

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: Oh! Cristo Jesús, diez mil veces en mi apasionamiento te he prometido arrepentirme, mi Jesús, mas réprobo como soy, te he defraudado. Por lo tanto te ruego, mi Jesús: ilumina mi alma aún insensible. "Bendito eres Tú, ¡oh! Dios de nuestros padres."

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. ¡Oh! Tú que diste a luz a Jesús maravillosa y sobrenaturalmente, implórale a Él, ¡oh! Purísima Virgen, que me perdone todos los pecados que he cometido contra mi naturaleza, y que, salvado, pueda clamar: "Bendita eres Tú que concebiste a Dios en la carne."

Canto 8

Irmos: Canta los hechos de Dios, que descendió al ardiente horno con los jóvenes hebreos y convirtió la llama en rocío, y exáltalo a Él como Señor por los siglos.

Dulcísimo Jesús, sálvame.

Tropario: Te imploro a Ti, ¡oh! mi Jesús: que así como redimiste a la ramera de muchos pecados, del mismo modo redímeme, ¡oh! Cristo, mi Jesús, y purifica mi sucia alma, ¡oh! mi Jesús.

Dulcísimo Jesús, sálvame.

¡Oh! Jesús, habiendo descendido a placeres indescriptibles, me he vuelto irracional, ¡oh! mi Jesús, y réprobo como soy me he convertido en un animal, ¡oh! Salvador. Entonces, ¡oh! Jesús, líbrame de la irracionalidad.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: ¡Oh! Jesús, caí en las manos de ladrones corruptores de almas que me han despojado de mis ropas divinamente tejidas, ¡oh! mi Jesús, y estoy caído e inmovilizado por mis heridas. ¡Oh! mi Cristo, derrama sobre mí, aceite y vino.

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. ¡Oh! María, Madre de Dios, que inefablemente portaste a Cristo, mi Jesús y Dios, implórale a Él que siempre salve de peligros a tus siervos y a aquellos que te alaban, ¡oh, Virgen que no conociste varón!

Canto 9

Irmos: De Dios el Verbo Dios, que con inefable sabiduría renovó a Adán después de su infausta caída en la corrupción por haber comido; que se encarnó por nuestra causa, en forma indecible de la Santa Virgen, a Él, nosotros fieles lo magnificamos cantando unánimemente.

Dulcísimo Jesús, sálvame.

Tropario: He sobrepasado, ¡oh! mi Jesús, a Manasés y al publicano, a la ramera y al pródigo, ¡oh! compasivo Jesús, y al ladrón, ¡oh! mi Jesús, a través de mis vergonzosos y perversos actos, pero Tú, ¡oh! Jesús, previéneme y sálvame.

Dulcísimo Jesús, sálvame.

Por mis lamentables pasiones he superado, réprobo como soy, a todos lo que han pecado desde Adán, ¡oh! Jesús, ante la Ley y dentro de la Ley, mi Jesús, y después de la Ley y la Gracia, mas sálvame por tus designios, mi Jesús.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: No dejes que me separe de tu indecible Gloria, mi Jesús, ni que sea asignado a tu izquierda, dulcísimo Jesús, pero ponme sobre tu diestra con tus ovejas y dame descanso, ¡oh! Cristo mi Jesús, en tu divina compasión.

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. ¡Oh! Madre de Dios, que gestaste a Jesús, única que no conoció varón, Virgen María; invócale, ¡oh! Pura, como tu Hijo y Creador, para que se apiade y libre a todo el que acude a Ti de tentaciones, peligros y del fuego futuro.

Oración a nuestro Señor Jesucristo

¡Oh! Soberano Señor, Jesucristo, mi Dios, que por tu indecible amor por los hombres te has revestido en carne de la siempre Virgen María en el fin de los tiempos. Tus siervos glorificamos a tu salvadora Providencia y tu cuidado por nosotros, ¡oh! Señor. Te alabamos porque a través de Ti aprendimos a conocer al Padre. Te bendecimos porque a través de Ti el Espíritu Santo vino al mundo. Nos inclinamos ante tu Santísima Madre que sirvió al venerable misterio de tu Encarnación. Alabamos al Coro de Ángeles como siervos y cantores de tu Majestad. Beatificamos a San Juan el Predecesor que te bautizó, ¡oh! Señor. Honramos también a los Profetas que te anunciaron. Glorificamos a tus Santos Apóstoles. Celebramos a los Mártires. Alabamos a tus Sacerdotes. Nos prosternamos ante tus Venerables Santos y cantamos a todos los Rectos. Nosotros, tus siervos, te ofrecemos a Ti, nuestro Dios todogeneroso, este incontable e inenarrable Coro Divino como intercesores y rogamos: concédenos el perdón de nuestros pecados; por tus Santos, y especialmente por tu santa generosidad, porque Tú eres bendito por siempre. Amén.

Canon a la Santísima Madre de Dios

Tropario, tono 4º: Ahora, Acudamos presurosos, pecadores y humillados, a la Madre de Dios y arrodillémonos con arrepentimiento, suplicando desde el fondo de nuestra alma: ¡Oh! Soberana ayúdanos, ten compasión de nosotros. Apresúrate pues estamos pereciendo por la multitud de nuestros pecados. No dejes partir a tus siervos, sin nada, pues te tenemos como nuestra única esperanza. (2 veces)

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

¡Oh! Madre de Dios, nunca cesaremos de proclamar tus poderes, indignos como somos. Porque si Tú no hubieses intercedido orando, ¿quién nos habría librado de todos los peligros? ¿Quién nos habría conservado libres hasta ahora? Haz que nunca te abandonemos, Soberana nuestra, porque Tú siempre salvas a tus siervos de todas las calamidades.

Canon, tono 8º

Canto 1

Irmos: Cuando atravesaron el agua como por tierra seca escapando de la maldad de los egipcios, los israelitas clamaron: "Cantemos a nuestro Dios y Redentor."

Santísima Madre de Dios, sálvanos.

Tropario: Afligido por infinidad de tentaciones, acudo a Ti buscando la salvación. ¡Oh! Madre del Verbo y Virgen, sálvame de las dificultades y calamidades.

Santísima Madre de Dios, sálvanos.

Gérmenes de pasión me turban y llenan mi alma de gran desaliento. Cálmala, ¡oh! Virgen, con la paz de tu Hijo y Dios, ¡oh! Purísima.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: Te imploro a Ti, ¡oh! Virgen, Tú que diste a luz a nuestro Salvador y Dios, me libres de los peligros. Porque a Ti acudo ahora, elevando mi alma y mi pensamiento.

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. Hazme merecedor, a mí enfermo de cuerpo y alma, de la visita divina y de tu providencia, ¡oh! única Madre de Dios, pues siendo Tú buena gestaste al Bueno.

Canto 3

Irmos: ¡Oh! Señor, Altísimo Creador de la bóveda celestial y Fundador de la Iglesia, confírmame en tu amor, ¡oh! cúspide del deseo, ¡oh! sustento del creyente, ¡oh! único Amigo del hombre.

Santísima Madre de Dios, sálvanos.

Tropario: He confiado en Ti, ¡oh! protectora e intercesora de mi vida, ¡oh! Virgen, Madre de Dios. Dirígeme a tu puerto, ¡oh! causa de toda bendición, ¡oh! sustento del creyente, ¡oh! única alabada por todos.

Santísima Madre de Dios, sálvanos.

Te ruego ¡oh! Virgen, que disipes la confusión de mi alma y la tormenta de mis penas, porque Tú, ¡oh! Novia de Dios, diste a luz a Cristo, el Principio de la calma, ¡oh! única Purísima.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: ¡Oh! Tú, que de Ti nació el Benefactor y Autor de todo lo bueno, derrama las riquezas de las buenas acciones y la conducta recta; todo te es posible a Ti, porque de Ti nació Cristo, fuerte en el poder, ¡oh! Bienaventurada de Dios.

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. Estoy torturado por terribles enfermedades y pasiones mórbidas: ¡oh Virgen, ayúdame! Porque sé que eres un tesoro infalible de cura inagotable, ¡oh! Purísima.

Señor, ten piedad. (3 veces)

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Sedalion, tono 2º: ¡Oh! ardiente plegaria, muro invencible, ¡oh! fuente de piedad y refugio de la humanidad, encarecidamente clamamos a Ti: ¡oh! Madre de Dios, ¡oh! Señora Soberana, impide y líbranos de peligros, ¡oh! única y rápida intercesora.

Canto 4

Irmos: He oído, ¡oh! Señor, el misterio de tu plan, contemplo tus obras y glorifico tu Divinidad.

Santísima Madre de Dios, sálvanos.

Tropario: ¡Oh! Tú, que diste nacimiento al Timonel, el Señor, aquieta la tormenta de mis pecados y la turbulencia de mis pasiones, ¡oh! Novia de Dios.

Santísima Madre de Dios, sálvanos.

Invoco la profundidad de tu compasión, concédemela, porque Tú diste a luz al de Buen Corazón y Salvador de todos los que te cantan.

Santísima Madre de Dios, sálvanos.

Disfrutando de tus dádivas, ¡oh! Purísima, entonamos un canto de acción de gracias a Ti, sabiendo que eres la Madre de Dios.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: Ayúdame, que estoy en un lecho de dolor y enfermedad, porque Tú eres amante de la bondad y la única siempre Virgen Madre de Dios.

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. Teniéndote a Ti, ¡oh! siempre alabada, como nuestra esperanza, apoyo e inconmovible muro de salvación, somos liberados de toda dificultad.

Canto 5

Irmos: Ilumínanos con tus mandamientos, ¡oh! Señor, y con tu brazo en alto concédenos tu paz, ¡oh! Amigo de los hombres.

Santísima Madre de Dios, sálvanos.

Tropario: Llena mi corazón de alegría, ¡oh! Purísima, dándome tu regocijo puro, ¡oh! Tú, que diste a luz a la Causa de la alegría.

Santísima Madre de Dios, sálvanos.

Líbranos de conflictos, ¡oh! purísima Madre de Dios, que diste a luz a nuestra eterna redención y la Paz que supera todo entendimiento.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: Disipa la oscuridad de mis pecados, ¡oh! Novia de Dios, con el brillo de tu esplendor, porque de Ti ha nacido la Luz Divina y Eterna.

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. Sana, ¡oh! Purísima, la dolencia de mis pasiones, ya que Tú me has hecho merecedor de tu visita, y concédeme salud por tu intercesión.

Canto 6

Irmos: Yo derramaré mis oraciones al Señor, y a Él confesaré mi pena, porque mi alma está llena de pecado y mi vida ha caído cerca del infierno, y como Jonas, yo rogaré: "Levántame de la corrupción, ¡oh! Dios."

Santísima Madre de Dios, sálvanos.

Tropario: ¡Oh! Virgen, implora a tu Hijo y Señor, que salvó de la muerte y la corrupción a mi ser, cautivo de ellas, dándose a Sí mismo a la muerte para librarme de las malas acciones de mis enemigos.

Santísima Madre de Dios, sálvanos.

Te reconozco como la intercesora y más segura guardiana de mi vida, ¡oh! Virgen, que detuviste el enjambre de tentaciones y apartaste el insolente ataque de los demonios; yo te ruego continuamente: líbrame de la corrupción de mis pasiones.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo: Te tenemos a Ti como muralla de refugio, perfecta salvación de nuestras almas y liberación de nuestras aflicciones, ¡oh! Virgen, siempre nos regocijamos en tu luz. ¡Oh! Señora Soberana, guárdanos ahora a salvo de pasiones y conflictos.

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. Ahora estoy en un lecho de enfermedades y no hay cura para mi carne, pero te ruego, ¡oh! Señora de Gracia, que diste a luz a Dios Salvador del mundo y sanador de males: levántame de la corrupción de la enfermedad.

Señor, ten piedad. (3 veces)

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Kondakio, tono 6º: ¡Oh! segura intercesora de los Cristianos, ¡oh! constante mediadora ante el Creador, no desprecies el llanto de nuestra oración, aunque somos pecadores; mas con tu bondad ven rápido en nuestra ayuda, que con fe te invocamos. Apresúrate a ofrecer rápida intercesión, y ruega por nosotros, ¡oh! Madre de Dios, que siempre intercediste por aquellos que te honran.

Otro Kondakio, tono 6º: No tenemos otra ayuda ni otra esperanza más que a Ti, ¡oh! Pura Madre de Dios, ¡ayúdanos! En Ti esperamos y de Ti nos enaltecemos porque somos tus esclavos. No dejes que seamos avergonzados.

Canto 7

Irmos: Habiendo llegado a Babilonia desde Judea, los jóvenes de antaño, por su fe en la Trinidad, sofocaron la llama del horno cantando: "¡Oh! Dios de nuestros padres, bendito eres Tú."

Santísima Madre de Dios, sálvanos.

Tropario: Cuando deseaste preparar nuestra salvación, habitaste el seno de la Virgen, ¡oh! Salvador, y la revelaste al mundo como la Intercesora: ¡oh! Dios de nuestros padres, bendito eres Tú.

Santísima Madre de Dios, sálvanos.

¡Oh! Madre pura, que diste a luz al Predispuesto a la misericordia, implórale a Él que libre de pecados y de impurezas del alma a quienes rezan con fe: ¡oh! Dios de nuestros padres, bendito eres Tú.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: Tú mostraste que Ella, la que te dio a luz, es un tesoro de salvación, fuente de incorruptibilidad, torre de amparo y puerta de arrepentimiento para quienes claman: ¡oh! Dios de nuestros padres, bendito eres Tú.

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. ¡Oh! Madre de Dios, concede cura a la debilidad de nuestros cuerpos y a la enfermedad de nuestras almas, a nosotros que apelamos con amor a tu protección, ¡oh! Virgen, que para nosotros diste a luz a Cristo el Salvador.

Canto 8

Irmos: Al Rey del cielo a quien las huestes angélicas cantan, alabemos y exaltemos a través de los siglos.

Santísima Madre de Dios, sálvanos.

Tropario: No desampares, ¡oh! Virgen, a quienes demandan tu ayuda, cantándote y exaltándote por los siglos.

Santísima Madre de Dios, sálvanos.

Tú curas los dolores de mi cuerpo y las enfermedades de mi alma, ¡oh! Virgen, para que pueda alabarte, ¡oh! Purísima, por siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: Tú derramas abundancia de curaciones ¡oh! Virgen, sobre quienes te cantan con fe y exaltan tu inefable alumbramiento.

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. Tú ahuyentas los asaltos de las tentaciones y los ataques de las pasiones, ¡oh! Virgen, por eso te cantamos a Ti por los siglos.

Canto 9

Irmos: Salvados por Ti, ¡oh! Virgen pura, te confesamos como la Verdadera Madre de Dios, y con los Coros Incorpóreos te alabamos.

Santísima Madre de Dios, sálvanos.

Tropario: No ignores el torrente de mis lágrimas, ¡oh! Virgen que diste nacimiento a Cristo, quien enjugó toda lágrima en todos los rostros.

Santísima Madre de Dios, sálvanos.

Llena mi corazón de alegría, ¡oh! Virgen que recibiste la Alegría plena, y disipa la pena del pecado.

Santísima Madre de Dios, sálvanos.

Sé asilo y mediación, inexpugnable muralla, amparo, protección y alegría, ¡oh! Virgen, de los que acuden a Ti en busca de refugio.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: Con los rayos de tu luz, ¡oh! Virgen, ilumina a quienes con fe verdadera te confiesan como Madre de Dios, y disipa las tinieblas de la ignorancia.

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. ¡Oh! Virgen, cúrame en el lugar de mi abatimiento, donde estoy humillado, restaurándome de la enfermedad a la salud.

Santísima Madre de Dios, sálvanos.

Oración a la Santísima Madre de Dios

Acepta de nosotros, tus indignos siervos, ¡oh! todopoderosa para lo bueno, Inmaculada, Soberana Señora, Madre de Dios, las honrosas ofrendas que pueden ser ofrecidas sólo a Ti, que eres la Elegida entre todas las generaciones y has llegado a ser más que toda la creación en el cielo y en la tierra. Gracias a Ti el Señor de la fuerza estuvo con nosotros, y por Ti conocimos al Hijo de Dios y nos fue concedido su Santo Cuerpo y su Purísima Sangre. Por eso Tú eres bendita por todas las generaciones, la bienaventurada de Dios, más radiante que los Querubines y más honorable que los Serafines. Y ahora, ¡oh! siempre alabada, Santísima Madre de Dios, no ceses de rezar por nosotros, tus indignos siervos, para ser librados de toda acechanza del maligno y de todos los vicios dominantes, y permanecer indemnes a toda tentación ponzoñosa del demonio. Mas presérvanos sin condenación con tus oraciones hasta el final; porque salvados por tu ayuda y protección, elevamos alabanza y gloria, acción de gracias y adoración por todo al único Dios en la Trinidad y Creador de todo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Canon al Ángel Guardián

Tropario, tono 6°: ¡Oh! Ángel de Dios, mi Santo Guardián, guarda mi vida en el temor de Cristo Dios, fortalece mi mente en el camino verdadero e inflama mi alma con amor por lo celestial, de modo que guiado por ti, pueda recibir gran misericordia de Cristo Dios.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

A la Madre de Dios: ¡Oh! Santa Soberana, Madre de nuestro Dios, tú que diste a luz asombrosamente al Creador de todo, ruégale siempre, junto con mi Ángel Guardián, para que su benevolencia salve mi alma poseída por las pasiones, y me conceda el perdón de los pecados.

Canon, tono 8º

Canto 1

Irmos: Cantemos al Señor que guió a su pueblo a través del Mar Rojo, porque sólo Él se glorifica con gloria.

Señor Jesucristo Dios mío, ten piedad de mí.

Tropario: Concede a tu siervo, ¡oh! Salvador, ser digno de cantar odas y alabar al Ángel incorpóreo, mi Guía y Guardián.

Santo Ángel de Dios, mi Guardián, ruega por mí, pecador.

Yo permanezco en la insensatez y la pereza, ¡oh! mi Guía y Guardián, no me abandones que estoy pereciendo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: Guía mi mente con tu oración, para cumplir los Mandamientos de Dios y recibir de Él la remisión de los pecados, y enséñame a odiar toda maldad, te lo ruego.

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. Con mi Ángel Guardián, ¡oh! Virgen, ruega por mí, tu siervo, al Benefactor, y enséñame a cumplir los Mandamientos de tu Hijo y mi Creador.

Canto 3

Irmos: Tú eres el fortalecimiento de todos los que vienen a Ti, ¡oh! Señor, Tú eres la luz de aquellos que están en la oscuridad y mi espíritu te canta a Ti.

Santo Ángel de Dios, mi Guardián, ruega por mí, pecador.

Tropario: Todos mis pensamientos y mi alma te he encomendado, ¡oh! mi Guardián; líbrame de todas las tentaciones del enemigo.

Santo Ángel de Dios, mi Guardián, ruega por mí, pecador.

El enemigo me envilece y pisotea y me enseña siempre, a seguir mis propios deseos, pero ¡oh! mi Guía, no me abandones que estoy pereciendo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: Concédeme cantar en agradecimiento y fervor a mi Creador y Dios, y a ti mi buen Ángel Guardián: ¡oh! mi liberador, sálvame de los enemigos que me envilecen.

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. Cura, ¡oh! Purísima, las dolorosísimas llagas de mi alma y aleja a los enemigos que siempre luchan contra mí.

Señor, ten piedad. (3 veces)

Sedalion, tono 2°: Desde el amor de mi alma clamo a Ti, ¡oh! Guardián de mi alma, mi Santísimo Ángel, protégeme y cuídame siempre del acecho del maligno, y guíame a la vida celestial, enséñame, ilumíname y fortaléceme.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

A la Madre de Dios: Purísima Madre de Dios, Novia no desposada que diste nacimiento sin simiente al Señor de todos, ruégale a Él con mi Ángel Guardián, que me libre de toda duda, dé a mi alma dulzura y luz, y que me limpie del pecado, porque Tú sola eres una rápida defensora.

Canto 4

Irmos: He oído, ¡oh! Señor, el misterio de tu providencia. Entiendo tus obras y glorifico tu Divinidad.

Santo Ángel de Dios, mi Guardián, ruega por mí, pecador.

Tropario: Ruega a Dios, el Amante de la humanidad, y no me abandones, ¡oh! mi Guardián, para que siempre guarde mi vida en paz, y me conceda la salvación indestructible.

Santo Ángel de Dios, mi Guardián, ruega por mí, pecador.

Como defensor y Guardián de mi vida te he recibido de Dios, ¡oh! Ángel. Te ruego, ¡oh! Santo, líbrame de todas las desgracias.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: Con tu santidad, ¡oh! mi Guardián, purifícame de mi iniquidad para que pueda ser apartado del lado izquierdo por tus oraciones y ser partícipe de la Gloria.

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. La confusión me enfrenta con el mal que me rodea, ¡oh! Purísima, mas líbrame de él rápidamente, porque yo acudo únicamente a Ti.

Canto 5

Irmos: Al amanecer te imploramos a Ti, ¡oh! Señor; sálvanos, porque Tú eres nuestro Dios y no conocemos otro sino a Ti.

Santo Ángel de Dios, mi Guardián, ruega por mí, pecador.

Tropario: Como tú tienes arrojo para con Dios, mi Santo Guardián, ruégale que me libre de las maldades que me afligen.

Santo Ángel de Dios, mi Guardián, ruega por mí, pecador.

¡Oh! luz refulgente, haz radiante mi alma; ¡oh! mi Guía y Ángel Guardián, que fuiste dado por Dios.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: Tenme en vigilia, ya que duermo bajo el peso de mis pecados, ¡oh! Ángel de Dios, y por tus oraciones elévame para glorificarle.

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. ¡Oh! María, Señora, Madre de Dios, Novia no desposada, ¡oh! esperanza de los creyentes, vence los ataques del enemigo y da alegría a quienes te cantan.

Canto 6

Irmos: Concédeme una vestimenta de luz, ¡oh! Tú, que te envolviste en Luz, Cristo, nuestro Dios, muy misericordioso.

Santo Ángel de Dios, mi Guardián, ruega por mí, pecador.

Tropario: Apártame de toda tentación y sálvame de la tristeza, te ruego, ¡oh! Ángel Santo, que me has sido dado por Dios como mi buen Guardián.

Santo Ángel de Dios, mi Guardián, ruega por mí, pecador.

Ilumina mi mente, ¡oh! bueno, y alúmbrame te ruego, ¡oh! Ángel Santo, y enséñame a pensar siempre beneficiosamente.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: Alivia mi corazón de la perturbación presente y fortaléceme para estar atento para lo bueno, ¡oh! mi Guardián, y guíame milagrosamente a una vida tranquila.

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. La Palabra de Dios habita en Ti, ¡oh! Madre de Dios, y te mostró a los hombres como una escalera celestial. Porque gracias a Ti, el Altísimo descendió hacia nosotros.

Kondakio, tono 4º: Ante mí, preséntate misericordioso Ángel Santo del Señor, mi Guardián, no me dejes, impuro como soy, mas irrádiame con la Luz Intangible y hazme digno del reino celestial.

Ikos: Concede a mi alma, humillada por muchas tentaciones, la inefable Gloria celestial, ¡oh! santo intercesor y cantor del Coro de los Poderes incorpóreos de Dios. Ten piedad, guárdame e ilumina mi alma con buenos pensamientos para que sea enriquecido con tu gloria, ¡oh! mi Ángel; vence a los enemigos que me desean el mal y hazme digno del reino de los cielos.

Canto 7

Irmos: Habiendo llegado a Babilonia desde Judea, los jóvenes de antaño, por su fe en la Trinidad, hollaron el fuego del horno cantando: "¡oh! Dios de nuestros padres, bendito eres."

Santo Ángel de Dios, mi Guardián, ruega por mí, pecador.

Tropario: Ten piedad y ruega por mí ante Dios, ¡oh! Ángel del Señor, pues te tengo a ti como defensor, Guía y Guardián por el resto de mi vida, que me ha sido dado por Dios para siempre.

Santo Ángel de Dios, mi Guardián, ruega por mí, pecador.

No dejes que mi alma peregrina y pecadora, sea asesinada por el ladrón, ¡oh! Ángel Santo, ya que te fue entregada pura por Dios, mas guíala por el camino del arrepentimiento.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: Ante ti, descubro toda mi alma avergonzada por pensamientos y actos malignos, ¡oh!, mi guía y concédeme la curación con buenos pensamientos para que yo siga siempre por el camino de la verdad.

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. A Jesús: ¡Oh!, Sabiduría Hipostática del Altísimo. ¡Oh! Dios de nuestros padres, bendito eres Tú que llenas de sabiduría y fuerza divina, a todo el que clama con fe a través de la Madre de Dios.

Canto 8

Irmos: Al Rey del cielo a quien la multitud de Ángeles alaba, alabemos y exaltemos a través de los siglos.

Santo Ángel de Dios, mi Guardián, ruega por mí, pecador.

Tropario: Fortalece la vida de tu siervo y nunca me abandones, ¡oh! muy bondadoso Ángel, enviado por Dios.

Santo Ángel de Dios, mi Guardián, ruega por mí, pecador.

A tí te canto siempre, mi muy bendito y buen Ángel, guía y guardián de mi alma.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: Sé mi protección y mi baluarte en el día del Juicio de todos los hombres, cuando todos los hechos, buenos y malos, serán probados con fuego.

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. Sé ayuda y paz de tu siervo, ¡oh! siempre Virgen Madre de Dios, y no me dejes privado de tu señorío.

Canto 9

Irmos: Salvados por Ti, ¡Oh! Virgen pura, te confesamos como la verdadera Madre de Dios y con el Coro Incorpóreo te magnificamos.

¡Oh! Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de nosotros.

Tropario: Ten piedad de mí, ¡oh! mi único Salvador, porque Tú eres misericordioso y piadoso, y hazme miembro del coro de los rectos.

Santo Ángel de Dios, mi Guardián, ruega por mí, pecador.

Concédeme pensar siempre y hacer sólo lo que es útil y bueno, ¡oh! Ángel del Señor, para que yo pueda ser en la enfermedad inmaculado y fuerte.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: Teniendo arrojo para con el Rey de los cielos, ruega a Él, con los otros ángeles, para que tenga piedad de mí, miserable como soy.

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. ¡Oh! Virgen, que tienes gran arrojo con el que se encarnó de Ti, líbrame de las ataduras y concédeme perdón y salvación con tus oraciones.

Oración al Santo Ángel Guardián

Santo Ángel de Dios, mi Guardián, ruega por mí, pecador.

Ángel Santo de Cristo, me arrodillo y te ruego, mi Santo Guardián, que me has sido dado en el Santo Bautismo para la protección de mi cuerpo y alma pecadora. Por mi ocio y malos hábitos he enfadado tu purísima luz y te he alejado de mí por todas mis vergonzosas acciones; mentiras, calumnias, envidias, condenación, desprecio, desobediencia, odio al hermano y rencor, codicia, amor al dinero, adulterio, cólera, avaricia, gula, charlatanería, pensamientos malos y negativos, maneras orgullosas, locura libertina, teniendo obstinación en todos los deseos de la carne. ¡Oh, mi mal deseo, que ni aun los animales tontos siguen! ¿Cómo puedes mirarme o acercarte a mí que soy como un perro apestoso? ¿Con qué ojos, ¡oh! Ángel de Cristo, me mirarás, que estoy tan enredado en malas acciones? ¿Cómo puedo pedir perdón por mis amargos, malos y perversos hechos en los que caigo noche y día y a cada hora? Pero me arrodillo y rezo, ¡oh! mi Santo Guardián, ten piedad de tu indigno siervo y pecador (nombre). Sé mi ayuda y protector contra mi maligno enemigo con tus santas oraciones y hazme partícipe del reino de Dios con todos los Santos, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 22

El Señor es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; en aguas tranquilas me apacentará. Convirtió mi alma; me guió por sendas de verdad por causa de su nombre. Aunque ande en medio de la sombra de la muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo; tu vara y tu báculo me confortaron. Preparaste delante de mí una mesa a la vista de los que me aflijen. Ungiste con óleo mi cabeza. Y tu cáliz que me embriaga, cuán glorioso es. Y me seguirá tu misericordia todos los días de mi vida. Moraré en la casa del Señor por largos días.

Salmo 23

La tierra y todo lo que está en ella es del Señor, el mundo y todos los que lo habitan. Porque la estableció sobre los mares, y la preparó sobre los ríos. ¿Quién subirá al Monte del Señor? ¿O quién podrá estar en su santo lugar? El que tiene puras las manos, y limpio el corazón. El que no ha recibido en vano su alma, ni hecho juramentos engañosos a su prójimo. Éste es el que obtendrá la bendición del Señor, y la misericordia de Dios su Salvador. Tal es el linaje de los que buscan al Señor, de los que buscan el rostro del Dios de Jacob. Tomad ¡oh, príncipes! vuestras puertas y sean tomadas las puertas de la eternidad, y entrará el Rey de la Gloria. ¿Quién es este Rey de la Gloria? Es el Señor fuerte y poderoso, el Señor fuerte en las batallas. Tomad ¡oh, príncipes! vuestras puertas y sean tomadas las puertas de la eternidad, y entrará el Rey de la Gloria. ¿Quién es este Rey de la Gloria? El Señor de la fuerza, éste es el Rey de la Gloria.

Salmo 115

Creí por tanto hablé. Pero estaba profundamente humillado. Y en mi asombro dije: todo hombre es falaz. ¿Cómo corresponderé al Señor por todos los beneficios que me ha dispensado? Tomaré el cáliz de la salvación e invocaré el Nombre del Señor. Cumpliré al Señor mis promesas en presencia de todo su pueblo. Preciosa es a los ojos del Señor la muerte de sus santos. ¡Oh, Señor! Ciertamente yo soy tu siervo, siervo tuyo soy, hijo de tu sierva; Tú rompiste mis cadenas. Te ofreceré el sacrificio de alabanza e invocaré en el Nombre del Señor. Cumpliré mis promesas al Señor delante de todo su pueblo, en los atrios de la Casa del Señor en medio de ti, ¡oh, Jerusalem!

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya, aleluya, aleluya. Gloria a Ti, Dios. (tres veces, con metanías)

Tropario, tono 8°

Señor, nacido de la Virgen, no tomes en cuenta mis iniquidades, y purifica mi corazón haciéndolo digno templo para tu purísimo Cuerpo y Sangre; no me rechaces de tu faz, ¡oh, Tú!, que tienes infinita misericordia.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. ¿Cómo podré yo indigno atreverme a comulgar de tus Santos Dones? Pues aunque osase acercarme a Ti con aquellos que son dignos, mi vestimenta me delata pues no es de fiesta y conseguiré la condenación de mi alma muy pecadora. Purifica, ¡oh, Señor! la impureza de mi alma y sálvame, pues amas a la humanidad.

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. Múltiples e innumerables son mis pecados, ¡oh, Madre de Dios!; a ti acudo, Purísima, suplicando la salvación. Ven en ayuda de mi alma debilitada e implora a tu Hijo que es nuestro Dios, que me acuerde la remisión de todas las maldades por mí cometidas, ¡oh!, Única Bendita.

Durante la Gran Cuaresma, dí lo siguiente:

Cuando los gloriosos Apóstoles eran iluminados en la cena, durante el lavatorio de los pies el impío Judas fue oscurecido con la enfermedad de la codicia y a inicuos jueces te entregó a Ti, que eres el Justo Juez. Mirad al amante de la riqueza, quien por causa de su codicia se ahorcó; huye del alma insaciable que se atrevió a tal extremo contra el Maestro. ¡Señor, quien por sobre todo eres bueno, gloria a Ti!

Canon para la Comunión tono 2°

Canto 1

Irmos: Venid, pueblo, cantemos un himno a Cristo Dios, al que dividió la mar y guió a su pueblo que había librado de la esclavitud de Egipto; porque ha sido glorificado.

Verso: Crea en mí ¡Oh, Dios! un corazón puro y renueva un espíritu recto dentro de mí.

Señor bondadoso, sea para mí tu sagrado Cuerpo el pan de la vida eterna, y tu preciosa sangre remedio de mis diversas debilidades.

Verso: No me apartes de tu rostro y no quites de mí tu Espíritu Santo.

Miserable como soy, me encuentro manchado por hechos inadmisibles y no soy digno de la comunión de tu purísimo Cuerpo y de tu divina Sangre. ¡Oh, Cristo! hazme digno de ella.

Santísima Madre de Dios, sálvanos.

Bienaventurada Novia de Dios, suelo fértil donde creció la espiga sin cosechar, y Salvadora del mundo, concede que yo, comiéndola, sea salvado.

Canto 3

Irmos: Afirmándome en la roca de la fe, Tú has engrandecido mi boca contra mis enemigos; se alegró mi espíritu y canta: no hay santo como el Señor Dios nuestro, ninguno es más recto que Tú.

Verso: Crea en mí ¡Oh, Dios! un corazón puro y renueva un espíritu recto dentro de mí.

Cristo, dame lágrimas que laven las impurezas de mi corazón, a fin de que limpio, con conciencia buena pueda acercarme con fe y temor, ¡oh, Soberano!, a la comunión de tus Divinos Dones.

Verso: No me apartes de tu rostro y no quites de mí tu Espíritu Santo.

Que tu purísimo Cuerpo y tu Divina Sangre sean para la remisión de mis pecados, para la comunión del Espíritu Santo, para la vida eterna y para alejar de mí toda pasión y aflicción, ¡oh! Amante de la humanidad.

Santísima Madre de Dios, sálvanos.

Santísima, refectorio del Pan de Vida, el que, por misericordia vino de lo alto y da nueva vida al mundo, concede que yo, aunque indigno, ahora participe de Él con temor y viva.

Canto 4

Irmos: Viniste de la Virgen, no como ángel ni intercesor, sino Tú mismo Señor te has encarnado, y me salvaste íntegramente a mí, hombre. Por eso te exclamo: ¡Gloria a tu poder, oh Señor!

Verso: Crea en mí ¡Oh, Dios! un corazón puro y renueva un espíritu recto dentro de mí.

Has querido encarnarte por nosotros, ¡oh! muy misericordioso. Y ser sacrificado como cordero por los pecados de los hombres. Por eso te imploro: limpia mis pecados.

Verso: No me apartes de tu rostro y no quites de mí tu Espíritu Santo.

Sana las llagas de mi alma, Señor, y santifícame íntegramente, y concede ¡oh, Soberano!, que siendo yo miserable, participe de tu mística cena Divina.

Santísima Madre de Dios, sálvanos.

Manifiéstame la misericordia del que existe de tu vientre y consérvame a mí, tu siervo, puro e impecable a fin de que, recibiendo la espiritual Perla, sea yo santificado.

Canto 5

Irmos: Dador de luz y Soberano, Creador de los siglos, guíanos en la luz de tus mandamientos, pues fuera de Ti, no conocemos a otro Dios.

Verso: Crea en mí ¡Oh, Dios! un corazón puro y renueva un espíritu recto dentro de mí.

Como Tú ¡Oh, Cristo! predijiste, así sea con tu siervo inicuo, mora en mí según tu promesa. He aquí que como tu Divino Cuerpo y bebo tu Sangre.

Verso: No me apartes de tu rostro y no quites de mí tu Espíritu Santo.

Verbo Divino y Dios, sea la brasa de tu Cuerpo iluminación para mí, obnubilado, y tu Sangre para purificación de mi alma impura.

Santísima Madre de Dios, sálvanos.

¡Oh, María!, Madre de Dios, morada de honorable perfume, por tus oraciones hazme recipiente selecto, a fin de que comulgue con las bendiciones de tu Hijo.

Canto 6

Irmos: Arrastrándome en el abismo del pecado, yo invoco la insondable hondura de tu misericordia: Dios, levántame de la corrupción.

Verso: Crea en mí ¡Oh, Dios! un corazón puro y renueva un espíritu recto dentro de mí.

¡Oh, Salvador!, santifica mi inteligencia, mi alma, mi corazón y mi cuerpo. Y hazme digno de acercarme sin condenación a tus temibles misterios.

Verso: No me apartes de tu rostro y no quites de mí tu Espíritu Santo.

Concede que me aleje de las pasiones, y que por tu gracia se agregue, mediante la comunión de tus Santos Misterios, el fortalecimiento de la vida.

Santísima Madre de Dios, sálvanos.

De Dios, Dios Verbo Santo, santifícame íntegramente, ahora que me acerco a tus Divinos Misterios por las oraciones de tu Santísima Madre.

Kondakio, tono 2°: No me impidas ahora, ¡oh, Cristo! que reciba el pan que es tu Cuerpo y Divina Sangre; y aunque soy miserable, permíteme participar, Señor, de tus purísimos y temibles misterios. Que no sean para mi condenación, sino para la vida eterna e inmortal.

Canto 7

Irmos: Los jóvenes sabios no sirvieron al ídolo de oro, mas entraron en el horno despreciando a los dioses paganos y clamando entre las llamas, un ángel los roció porque fue oída la oración de sus labios.

Verso: Crea en mí ¡Oh, Dios! un corazón puro y renueva un espíritu recto dentro de mí.

Cristo, fuente de bondades, que la comunión de tus inmortales misterios, sea ahora para mí luz y vida e impasibilidad, para crecimiento y progreso en la virtud divina, de modo que te glorifique, a Tí ¡oh, Único Bueno!

Verso: No me apartes de tu rostro y no quites de mí tu Espíritu Santo.

Que sea yo librado de mis pasiones, de los enemigos, de toda necesidad y de toda aflicción, pues hoy me acerco a tus inmortales y divinos misterios con temor, devoción y amor; concédeme Tú que amas a la humanidad, cantarte: Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres.

Santísima Madre de Dios, sálvanos.

Tú que diste a luz a Cristo el Salvador, eres llena de gracia más allá del entendimiento humano. A Tí, Purísima, te ruego ahora, yo tu siervo impío, me libres de toda iniquidad del alma y del cuerpo, pues deseo acercarme a los Santísimos Sacramentos.

Canto 8

Irmos: Canten los hechos de Dios, quien descendió al ardiente horno con los jóvenes hebreos y convirtió la llama en rocío, exáltenlo a Él como Señor por los siglos.

Verso: Crea en mí ¡Oh, Dios! un corazón puro y renueva un espíritu recto dentro de mí.

¡Oh, Dios! Salvador mío, concede que yo, tu miserable siervo, sin condenación, sea participante ahora de tus celestiales, temibles y santos misterios y de tu mística y Divina Cena.

Verso: No me apartes de tu rostro y no quites de mí tu Espíritu Santo.

Acudo bajo tu amparo ¡oh, Bondadoso!, te clamo con temor. Mora en mí, ¡oh, Salvador!, y yo en Tí, tal como Tú lo dijiste, pues atreviéndome por tu misericordia, como tu Cuerpo y bebo tu Sangre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. Tiemblo al recibir el fuego, no sea que me queme como cera o hierba. ¡Oh, temible misterio! ¡Oh, misericordia de Dios! Siendo polvo, ¿cómo es que me hago incorruptible al comer de tu divino Cuerpo y divina Sangre?

Canto 9

Irmos: El Hijo del Progenitor sin comienzo, Dios y Señor, se encarnó en la Virgen y se nos apareció para iluminar a los que están obnubilados, para reunir a los dispersos. Por ello a ti, toda cantada Madre de Dios, te glorificamos.

Verso: Crea en mí ¡Oh, Dios! un corazón puro y renueva un espíritu recto dentro de mí.

Es Cristo, gustad y mirad. Antaño, el Señor se hizo como nosotros, por nosotros. Una vez como ofrenda se entregó a su Padre y es sacrificado permanentemente, santificando a los comulgantes.

Verso: No me apartes de tu rostro y no quites de mí tu Espíritu Santo.

¡Oh, Soberano! Que sea yo santificado en cuerpo y alma, que sea iluminado y salvado, que sea tu morada por medio de la comunión de los sagrados misterios. Teniéndote vivo en mí con el Padre y el Espíritu, Muy misericordioso Bienhechor.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. ¡Oh, Salvador mío! Que tu Cuerpo y Sangre preciosísimos sean como fuego y luz para mí, para que consuma la sustancia pecaminosa y queme las espinas de las pasiones; enseñando a todo mi ser a adorar tu Divinidad.

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. De tu sangre pura, Dios se encarnó ¡oh, Soberana! Por eso te canta toda generación, te glorifican las multitudes celestiales. Porque por Ti han visto con claridad al Soberano de todos, cuando se hizo hombre.

Himno a la Virgen María: Verdaderamente es digno bendecirte, siempre bendita y purísima Madre de Dios. Tú eres más honorable que los Querubines e incomparablemente más gloriosa que los Serafines. Te glorificamos a Ti que diste al mundo a Dios el Verbo, sin dejar de ser virgen, y que eres la verdadera Madre de Dios.

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros. (3 veces)

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

¡Oh, Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros! Señor, purifícanos de nuestros pecados. Todopoderoso, perdónanos nuestras iniquidades. Santo, visítanos y cúranos de nuestras dolencias, por la gloria de tu nombre.

Señor, ten piedad. (3 veces)

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad así como es en el cielo, en la tierra. El pan nuestro sustancial de cada día dánosle hoy. Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. No nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del maligno.

Tropario, tono 6°:

Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros. Porque pecadores como somos, no podemos presentarte ninguna excusa, sólo ofrecemos a nuestro soberano Señor esta oración: Ten piedad de nosotros.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Ten piedad de nosotros, Señor. Porque en Ti ponemos nuestra esperanza. No levantes tu ira contra nosotros. No te acuerdes de nuestras iniquidades. Míranos con misericordia y líbranos de nuestros enemigos. Porque Tú eres nuestro Dios y nosotros somos tu pueblo, somos todos obra de tus manos e invocamos tu Nombre.

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. Bendita Madre de Dios, ábrenos las puertas de la misericordia, para que nosotros que ponemos en Ti toda nuestra esperanza, no perezcamos, sino que por tu intercesión seamos libres de toda calamidad. Porque Tú eres la salvación del pueblo cristiano.

Señor, ten piedad. (40 veces, metanías cuantas quieras)

Canon de Preparacion Para El Santisimo Misterio

Oda Primera

Hirmo: Ven, pueblo, cantemos un himno a Cristo Dios nuestro, al que dividió la mar y guió a Su pueblo que había librado de la esclavitud de Egipto; porque El ha sido glorificado.

Crea en mí, Dios, un corazón limpio y renueva un recto espíritu dentro de mí.

Señor bondadoso, sea para mí ñu sagrado Cuerpo el pan de la vida eterna, y tu preciosa Sangre remedio de mis enfermedades.

No me eches de delante de ti y no quites de mí tu Santo Espíritu.

Manchado estoy, Cristo, por hechos inicuos y no soy digno de tu purísimo Cuerpo y de tu divina Sangre. Mas hazme digno de ellos.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, y ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Bienaventurada Esposa de Dios, suelo fértil donde creció la espiga sin cosechar, el Salvador del mundo, concede que yo, participando de El, sea salvado.

Oda Tercera

Hirmo: Estableciéndome en la roca de la fe, Tú has engrandecido mi boca contra mis enemigos.

Alégrase mi corazón y canta: No hay santo como el Señor Dios nuestro; ninguno justo fuera de El.

Crea en mi;...

Cristo, Dueño, dame lágrimas que laven la impureza de mi corazón, a fin de que, con conciencia limpia, pueda acercarme con fe y temor, Señor, a la comunión de tus divinos dones.

No me eches...

Tú que amas a los hombres, que tu purismo Cuerpo y tu Divina Sangre sean para la remisión de mis pecados, para la comunión del Espíritu Santo, para la vida eterna y para librarme de toda pasión y de toda aflicción.

Gloria...Y ahora...

Santísima Mesa del Pan de Vida, el que, por misericordia vino de lo alto y da nueva vida al mundo, concede que yo, aunque indigno, ahora participe de El con temor y que tenga vida.

Oda Cuarta

Hirmo: De la Virgen viniste, no como mensajero ni como ángel, sino el mismo Señor encarnado, y me salvaste, hombre íntegro, a mi. Te clamo, por eso: Gloria a tu potencia, Señor.

Crea en mí...

Oh Misericordiosísimo, encarnarte quisiste por nosotros y ser sacrificado cual cordero por los pecados de los hombres. Por eso, te imploro: Borra mis ofensas.

No me eches.

Sana las heridas de mi alma, Señor, y santifícame íntegramente, y concede, Señor, que yo, que soy miserable, participe de tu mística cena divina.

Gloria...Y ahora...

Intercede por mí, Señora, con Aquél que de ti nació, y consérvame a mí, tu siervo, puro y sin mancha a fin de que, recibiendo la mística Perla, sea yo santificado.

Oda Quinta

Hirmo: Dador de luz y soberano Creador de los siglos, guíanos en la luz de tus mandamientos, pues fuera de Ti, no conocemos a otro dios.

Crea en mí...

Como tú, oh Cristo, predijiste, así sea a tu siervo inicuo. Mora en mí según tu promesa. Porque, he aquí que como tu divino Cuerpo y bebo tu Sangre.

No me eches...

Verbo de Dios y Dios, sea la brasa de tu Cuerpo para iluminación de la oscuridad dentro de mí, y tu Sangre para purificación de mi manchada alma.

Gloria...Y ahora...

María, Deípara, sagrado tabernáculo de perfume celestial, por tus intercesiones, hazme a mí recipiente selecto, para recibir la santificación de tu Hijo.

Oda Sexta

Hirmo. Arrastrándome en el abismo del pecado, yo invoco la insondable hondura de tu misericordia, Dios: Levántame de la corrupción.

Crea en mí...

Salvador, santifica mi espíritu, mi alma, mi corazón y mi cuerpo, y prepárame, Señor, a fin de que me acerque a tus terribles misterios.

No me eches..

Concede que me aleje de las pasiones, y dame el auxilio de tu gracia, y esperanza de la vida por medio de la comunión de tus santos misterios, oh Cristo.

Gloria...Y ahora...

Santo Verbo de Dios y Dios, santifícame a mí íntegro, mientras me acerco a tus divinos misterios, por las súplicas de tu Madre Santísima.

Señor, ten piedad. tres veces

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Contaquio tono 2

No me impidas ahora, Cristo, que reciba el pan que es tu Cuerpo y tu divina Sangre; y aunque soy miserable, permíteme participar, Señor, de tus purísmos y temibles misterios. Que no sean para mi condenación, sino para la vida eterna e inmortal.

Oda Séptima

Hirmo: Los sabios jóvenes no adoraron la imagen de oro, mas entraron en el horno y despreciaron a los dioses paganos, orando en medio de las llamas, y un ángel los salpicó de rocío, porque fue oída la oración de sus labios.

Crea en mí.

Cristo, fuente de bendiciones, que la comunión de tus inmortales misterios sea ahora para mi luz y vida y libertad de la pasión y para mi crecimiento y progreso en la virtud divina, de modo que te glorifique, a Ti que solo eres bueno.

No me eches...

Ahora acercándome a tus inmortales y divinos misterios con temor, amor y devoción, concede, tú que amas a los hombres, que yo sea librado de mis pasiones y enemigos y de toda angustia, aflicción y pena, cantando: Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres.

Gloria...Y ahora...

TU' que eres llena de gracia divina, y de una manera incomprensible diste a luz al Salvador, Cristo, yo, tu siervo, aunque manchado, te pido, Purísima, Límpiame a mí que deseo acercarme a los inmaculados misterios, de toda mancha de cuerpo y alma.

Oda Octava

Hirmo: Obras del Señor, cantad a Dios, quien descendió a los jóvenes hebreos en el horno flameante y cambió las llamas en rocío: exaltadle por todos los siglos.

Crea en mí...

Cristo, Salvador mío, concede que yo, tu miserable siervo, ahora sin condenación, sea participante de tus celestiales, temibles y santos misterios y de tu mística cena divina.

No me eches

Buscando refugio en tu misericordia, Salvador bueno, a ti clamo con temor: Mora en mí, y permíteme, como has prometido, morar en ti, pues, he aquí, confiando en tu misericordia, como tu Cuerpo y bebo tu Sangre.

Gloria...Y ahora...

Al recibir este fuego yo tiemblo de miedo que me consuma cual cera o hierba. ¡Oh temible misterio! ¡Oh misericordia de Dios! ¿Cómo es que yo, siendo sólo polvo, pueda participar de tu divino

Cuerpo y Sangre y luego quede hecho incorruptible?

Hirmo: El Hijo del Padre sin origen, el Dios y Señor encarnado de la Virgen nos ha aparecido para alumbrar a los que están en las tinieblas y para reunir a los dispersos. Por eso te magnificamos, Madre de Dios alabadísima.

Crea en mí...

Gustad y ved, cuán bueno es el Señor, quien por nosotros de antaño se hizo nuestro semejante y una vez se ofreció a Su Padre como sacrificio inmolado perpetuamente, santificando a los comulgantes.

No me eches...

Que sea yo, Señor, santificado en cuerpo y alma, que sea yo iluminado y salvado, que sea yo tu morada por medio de la comunión de tus santos misterios, Misericordioso Bienhechor: Mora en mí, con el Padre y el Espíritu.

Gloria...

Que tu Cuerpo y tu preciosa Sangre, Salvador, sean fuego y luz para mí, consumiendo la substancia del pecado, y quemando las espinas de mis pasiones; e ilumíname completamente, a fin de que sepa adorar tu Divinidad.

Y ahora...

De tu purísima Sangre Dios tomó carne. Por tanto, te alaban todas las generaciones, Señora, y las huestes de las potencias celestiales te glorifican, porque por ti contemplan claramente al Señor de todo, unido con los hombres en naturaleza.

E inmediatamente Verdaderamente es justo bendecirte... etc. y el resto de Completas Menores.

Oración a la Santísima Madre de Dios

Virgen pura, inmaculada, incólume, incorrupta, purísima Soberana Novia de Dios, que uniste a Dios Verbo con los hombres por tu gloriosísimo alumbramiento, rechazando la naturaleza de nuestro género te uniste a la celestial. Tú que eres la única esperanza de los desesperados, ayuda de los que son combatidos, pronta intercesora de los que acuden a Ti, refugio de todos los cristianos, no me rechaces a mí, pecador impuro, que me volví completamente corrupto por mis pensamientos, palabras y hechos sucios y que por la indolencia de mi entendimiento me convertí en esclavo de los placeres de la vida. Mas, siendo Tú, Madre del Dios amante de la humanidad, por tu amor al ser humano ten misericordia de mí, pecador y pródigo, recibe mi plegaria, que te ofrezco con labios impuros. Ejerciendo tu maternal audacia, implora a tu Hijo, nuestro Soberano y Señor, que me abra sus fuentes amantes de la humanidad, y sin tener en cuenta mis innumerables pecados, me lleve al arrepentimiento. Evidénciame probado observante de sus mandamientos. Cuídame siempre pues eres misericordiosa, compasiva y amas todo lo bueno. Ferviente intercesora y socorro en esta vida presente, rechazando los ataques de los adversarios me conduces a la salvación. A la hora de mi partida, cuida de mi desdichada alma, alejando de ella las oscuras formas de los demonios malignos. En el temible día del juicio, líbrame de los tormentos eternos presentándome como heredero de la inefable gloria de tu Hijo y Dios nuestro, la cual obtendré, Señora mía Santísima Madre de Dios, por tu mediación y protección. Por la gracia y amor a la humanidad de tu Hijo Unigénito, nuestro Señor Dios y Salvador Jesucristo, a quien pertenece toda gloria, honor y adoración con su Padre sin comienzo y su Santísimo, Bueno y Vivificador Espíritu, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Y luego:

¡Oh! hombre, si deseas recibir el Cuerpo del Señor, acércate con temor, a fin de no quemarte, porque fuego es.

Y si quieres beber su Sangre Divina para la comunión, reconcíliate primero con los que te agraviaron, luego atrévete a tomar el Alimento Místico. Mas, antes de participar del temible sacrificio del Cuerpo del Señor que engendra Vida en nosotros, reza con el alma reverente y temblorosa las siguientes oraciones:

1. Oración de San Basilio el Grande

Señor Soberano Jesucristo Dios nuestro, Fuente de la vida y de la inmortalidad, Autor de toda la creación visible e invisible, Hijo consubstancial del Padre eterno, quien por la abundancia de tu bondad en los últimos días te revestiste de nuestra carne y fuiste crucificado y sepultado por nuestra causa, que somos ingratos y perversos, y con tu propia sangre causaste la restauración de nuestra naturaleza corrupta por el pecado: ¡Oh, Rey inmortal!, recibe mi arrepentimiento ya que soy pecador e inclina tu oído y escucha mis palabras. Porque he pecado, Señor, he pecado contra el cielo y ante Ti, y no soy digno de elevar mi mirada hacia la altura de tu gloria; porque he afrentado tu bondad por transgredir tus mandamientos y por desobedecer tus órdenes. Mas Tú, Señor, en tu mansedumbre, paciencia y gran misericordia, no me has entregado para que perezca con mis iniquidades, sino que siempre esperas de cualquier manera mi conversión. Porque Tú, Amante de los hombres, has dicho por tu profeta que no deseas la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Porque no quieres, Señor, que la obra de tus manos sea destruida, ni te agrada la destrucción de los hombres, sino que deseas que todos se salven y que lleguen al conocimiento de la verdad. No obstante, aunque soy indigno del cielo, de la tierra y de esta vida temporal, habiéndome entregado completamente al pecado y siendo esclavo del placer he profanado tu imagen; sin embargo, siendo tu obra y tu criatura, no me desespero por mi salvación y me atrevo a acercarme a tu infinita compasión. Por eso recíbeme, Señor, Amante de la humanidad, como recibiste a la pecadora, al ladrón, al publicano y al pródigo, y quítame el pesado yugo de los pecados, Tú que quitas los pecados del mundo, que sanas las enfermedades de los hombres, que llamas a los rendidos y agobiados por el trabajo y les das descanso, pues no viniste a llamar al arrepentimiento a los justos sino a los pecadores. Límpiame de toda iniquidad de la carne y del espíritu. Enséñame, en tu temor a alcanzar la santidad perfecta, para que con el claro testimonio de una conciencia limpia pueda recibir una parte de tus Santos Dones y ser unido con tu sagrado Cuerpo y Sangre, a fin de que Tú mores y permanezcas en mí con el Padre y con tu Espíritu Santo. Señor Jesucristo, Dios mío, que no sea para mi condenación la comunión de tus inmaculados y vivificantes Misterios, ni que sean causa de enfermedad para mi alma y cuerpo por participar indignamente; mas concédeme que hasta mi último aliento reciba sin condenación una porción de tus Santos Dones; para unión con el Espíritu Santo, como provisión para la vida eterna y para una buena respuesta ante tu temible tribunal, de manera que también yo pueda participar con todos tus elegidos de tus incorruptibles bienes que preparaste para los que te aman, ¡oh, Señor!, en quienes eres glorificado por los siglos. Amén.

2. Oración de San Juan Crisóstomo

Señor Dios mío, yo sé que no soy digno y que no merezco que entres bajo el techo del templo de mi alma porque está completamente desolada y caída, y no tienes en mí un lugar digno para reposar tu cabeza. Desde lo más alto te humillaste por causa nuestra, acepta ahora mi humildad. Así como te dignaste reposar en una gruta y en un pesebre de bestias irracionales, ahora dígnate reposar en el pesebre de mi alma irracional y entrar en mi corrupto cuerpo. Así como no desdeñaste entrar y cenar con pecadores en la casa de Simeón el Leproso, consiente también entrar en la casa de mi humilde alma, que es todo leprosa y pecaminosa. Y así como no rechazaste a la mujer, pecadora como yo, cuando se acercó y te tocó, también sé compasivo conmigo que soy pecador, al acercarme a Ti y tocarte. Y como no despreciaste los labios impuros y sucios de la mujer que te besó, así también no te repugnen mis labios aun más corruptos e impuros y mi muy inmunda lengua. Sea la brasa ardiente de tu santísimo Cuerpo y preciosa Sangre para la santificación e iluminación y el fortalecimiento de mi humilde alma y cuerpo, para alivio del yugo de mis muchos pecados, para protección contra toda acción diabólica, para suprimir y expulsar mis costumbres más feroces y malignas, para mortificación de las pasiones, para obediencia de tus mandamientos, para sumar tu divina gracia, para adquirir tu reino. Porque no es con insolencia que me acerco a Ti, Cristo Dios, sino confiando en tu inefable bondad, no sea que llegue a ser presa del lobo espiritual por abstenerme por mucho tiempo de tu comunión. Por eso, te ruego, Señor, ¡oh, Soberano!, único Santo, santifica mi alma y cuerpo, mi mente y mi corazón, mi vientre y entrañas, y renuévame completamente. Arraiga en mis miembros el temor de Ti, y haz indeleble en mí tu santificación. Sé también mi auxilio y mi defensa, guía mi vida en paz, y hazme digno de estar a tu diestra con tus Santos: por las oraciones e intercesión de tu purísima Madre, de los espíritus que te sirven, de las purísimas Potestades y de todos los Santos que siempre te han agradado. Amén.

3. Oración de San Simeón el Traductor

¡Oh, Señor!, único puro y sin pecado, que por la inefable compasión de tu amor por los hombres, asumiste plenamente nuestra naturaleza, por medio de la sangre pura y virginal de la que te concibió sobrenaturalmente por la venida del Espíritu Divino y por la voluntad del Padre eterno; Cristo Jesús, Sabiduría, Paz y Poder de Dios; que al adoptar nuestra naturaleza sufriste tu vivificante y salvadora pasión la cruz, los clavos, la lanza y la muerte mortifica mis pasiones carnales, letales para el alma. Con tu sepultura encarcelaste los dominios del infierno, sepulta con buenos pensamientos mis malas costumbres y dispersa los espíritus malignos. Con tu vivificadora resurrección al tercer día, levantaste a nuestro caído padre ancestral: levántame a mí, hundido en el pecado e indícame los caminos de arrepentimiento. Con tu gloriosa Ascensión deificaste nuestra naturaleza, que Tú asumiste y honraste al sentarte a la diestra del Padre, al participar de tus santos Misterios, hazme digno de un lugar a tu diestra entre los que están salvados. Tú que por el descenso del Espíritu Consolador, hiciste a tus discípulos vasijas dignas, hazme a mí también recipiente de su venida. Tú que has de venir otra vez a juzgar al mundo con verdad, concédeme encontrarte en las nubes, Hacedor y Creador mío, con todos tus Santos, para que yo te glorifique sin cesar y te alabe con tu Padre eterno y con tu Santísimo, Bueno y Vivificador Espíritu, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

4. Oración de San Juan Damasceno

Soberano Señor Jesucristo, Dios nuestro, único con autoridad para perdonar a los hombres sus pecados, ya que eres Bueno y Amante de la humanidad, no tomes en cuenta mis ofensas, cometidas a sabiendas o en ignorancia, y hazme digno de recibir sin condenación tus divinos, gloriosos, inmaculados y vivificadores Misterios, no para castigo ni aumento de pecados, sino para purificación y santificación y para prenda de la futura vida y del Reino, para protección y auxilio, para destrucción de enemigos y para exterminar mis múltiples transgresiones. Porque eres Dios de misericordia y de compasión y de amor por los hombres, y te rendimos gloria, con el Padre y el Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

5. Oración de San Basilio el Grande

Conozco, ¡oh, Señor!, que comulgo indignamente tu purísimo Cuerpo y tu purísima Sangre, y que bebo y como mi propia condenación, sin reflexionar que son Cuerpo y Sangre tuyos, de mi Cristo y Dios. Sin embargo, con atrevimiento acudo a tu misericordia, porque Tú mismo dijiste: "El que come mi Cuerpo y bebe mi Sangre está en Mí, y Yo en él." Apiádate, pues, ¡oh, Señor!, y no me acuses a mí, pecador, sino haz conmigo según tu misericordia, para que tus Santos Sacramentos me sean para curación, purificación, iluminación, conservación, salvación y santificación de mi alma y cuerpo. Para la expulsión de cualquier visión, de cualquier acción malvada y de la influencia del diablo que obra mentalmente en mis miembros. Para que me den ánimo y amor por Ti, que corrijan mi vida y la afirmen; que desarrollen en mí virtudes y perfección; que me enseñen a cumplir tus mandamientos; que me sean para comunión con el Espíritu Santo, viático a la vida eterna y una buena respuesta en tu temible Tribunal. Que no sean para mi juicio y condenación.

6. Oración de San Simeón el Nuevo Teólogo

De labios manchados, de un corazón abominable, de lengua impura, de un alma corrupta, recibe mi plegaria, Cristo mío. No me rechaces a mí, ni mis palabras, ni mis acciones, ni siquiera mi desvergüenza, mas anímame a decir lo que deseo, Cristo mío, y aun más, enséñame qué he de hacer y decir. He pecado más que la ramera que, al saber donde te alojabas, trajo miro* y se atrevió a venir a ungir tus pies, Cristo mío, Señor y Dios mío. Así como no la rechazaste cuando se acercó de todo corazón, tampoco me rechaces a mí, ¡oh, Verbo!, mas dame tus pies para que los abrace y los bese, y con un río de lágrimas, como con costosísimo miro, que me atreva a ungirlos. Lávame con mis lágrimas y purifícame con ellas, ¡oh, Verbo! Remite mis pecados y concédeme perdón. Tú conoces la multitud de mis iniquidades; también conoces mis llagas y ves mis magulladuras, mas también conoces mi fe, contemplas mi voluntad y oyes mis suspiros. Nada se te escapa, Dios mío. Creador mío y Redentor mío, ni una lágrima, ni una parte de ella. Tus ojos han visto lo que me queda por avanzar, y en tu libro ya están escritas mis cosas todavía por hacer. Ve mi humildad, ve cuán grande es mi angustia. Y todos mis pecados, quítamelos, Dios de todos, que con corazón limpio, mente temblorosa y espíritu contrito pueda participar de tus puros y santísimos Misterios, por los cuales todo el que come y bebe con sinceridad de corazón es vivificado y deificado. Porque Tú, Soberano mío, dijiste: "El que come mi carne y bebe mi sangre mora en Mí y Yo en él." Plenamente verdadera es la palabra de mi Señor y Dios, pues todo aquel que participa de tus divinos y deificantes Dones, ciertamente no está solo, sino que está contigo, Cristo mío, Luz del Sol Trino, que ilumina el mundo. No sea que me quede solo, sin Ti, Dador de vida, Aliento mío, Vida mía, Gozo mío, Salvación del mundo. Por eso me he acercado a Ti, como ves, con lágrimas y con espíritu contrito. Te pido recibir la liberación de mis transgresiones, para que pueda participar sin condenación de tus purísimos misterios, para que permanezcas en mí, triplemente réprobo como soy, tal como Tú dijiste. No sea que el tentador, al hallarme desprovisto de tu gracia, me atrape con lisonjas y, habiéndome seducido, me aparte de tus palabras deificantes. Por eso me postro a tus pies y te clamo fervientemente: así como recibiste al pródigo y a la ramera que se te acercó, ten compasión y recíbeme, réprobo y pródigo. Con espíritu contrito me acerco a Ti ahora; y sé, Salvador, que ningún otro ha pecado contra Ti como yo, ni ha hecho las cosas que yo hice. Mas sé también que ni la gravedad de mis ofensas, ni la multitud de mis pecados sobrepasan la gran paciencia de mi Dios y su amor por los hombres. Mas con tu misericordiosa compasión, a los que con fervor se arrepienten, los purificas y los iluminas haciéndolos partícipes de la Luz y de la Naturaleza Divina, obrando generosamente. Lo que es incomprensible al entendimiento de los ángeles y los hombres, a éstos con frecuencia se lo expresas como a tus verdaderos amigos. Estos hechos me dan confianza, Cristo mío, me animan y atreviéndome a tus preciosos Dones, con regocijo y temor a la vez, yo que soy astilla, participo del fuego. ¡Oh, maravilla incomprensible!, soy inefablemente rociado como la zarza de antaño, que ardió sin consumirse. Ahora, con pensamiento y corazón agradecidos, y con agradecimiento también en todos los miembros de mi alma y cuerpo, te adoro, te magnifico y te glorifico, Dios mío. Porque eres bendito, ahora y por los siglos.

7. Oración de San Juan Crisóstomo

¡Oh, Dios!, desprende, quita, perdóname mis pecados que he cometido ante Ti, ya sea en palabra, en obra o en pensamiento, voluntaria o involuntariamente, con conocimiento o sin conocimiento, perdónamelo todo, como Bondadoso y Amante de los hombres. Y por las oraciones de tu Purísima Madre, de tus Servidores Espirituales, de las Santas Potestades y de todos tus Santos que te complacieron desde el principio de los siglos, hazme digno de recibir sin condenación tu Santo y Purísimo Cuerpo y Preciosa Sangre, para la curación de mi alma y cuerpo, y para la purificación de mis malos pensamientos. Pues tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria, con el Padre y el Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

8. Oración de San Juan Crisóstomo

No soy digno, ¡Oh, Señor Soberano!, de que entres bajo el techo de mi alma; ya que por tu amor por los hombres es tu voluntad habitar en mí, tomo confianza y me acerco. Ordena que te abra las puertas que solamente Tú creaste, entrarás con amor por la humanidad, entrarás y alumbrarás mis pensamientos oscurecidos, creo que lo harás ya que no rechazaste a la ramera que vino con lágrimas hacia Ti, y no rechazaste al publicano arrepentido, tampoco al ladrón que conoció tu reino, ni dejaste al perseguidor, pero a todos aquellos que llegaron hacia Ti arrepentidos los aceptaste como tus amigos, Único siempre Bendito, ahora y por los infinitos siglos. Amén.

9. Oración de San Juan Crisóstomo

¡Oh, Señor Jesucristo!, Dios mío, desprende, quita, purifica y perdóname a mí pecador, inútil e indigno siervo tuyo, mis iniquidades, culpas y pecados cuantos he cometido ante Ti, desde mi juventud y hasta el actual día y hora, ya sea a sabiendas o por ignorancia, ya de palabras o de hechos, en pensamientos o deseos, ya por todos mis sentidos. Y por las oraciones de tu Santísima Madre, la siempre Virgen María que te ha engendrado sin simiente, mi única infalible Esperanza, Intercesión y Salvación, hazme digno que comulgue sin condenación de tus Purísimos, Inmortales, Vivificadores y Temibles Sacramentos, para remisión de los pecados y la obtención de la vida eterna, para la santificación e iluminación, fortificación, curación y salud de mi alma y cuerpo, para la exterminación y completa aniquilación de mis malos deseos, pensamientos e intenciones, de las fantasías nocturnas, de oscuros y malos espíritus. Pues tuyo es el Reino, el poder, la gloria, el honor y la adoración, con el Padre y el Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

10. Oración de San Juan Damasceno

Ante las puertas de tu Templo me encuentro y no puedo apartarme de los tenebrosos pensamientos, pero Tú, ¡oh, Cristo Dios!, que justificaste al publicano, y te apiadaste de la mujer cananea, y abriste las puertas del paraíso al malhechor, ábreme la profundidad de tu amor por la humanidad y recíbeme que me acerco a Ti a tocarte, como aceptaste a la adúltera y a la hemorroísa. Pues una ha tocado tan sólo el borde de tu manto y se sanó inmediatamente, y la otra al abrazar tus purísimos pies, obtuvo la remisión de sus pecados. En cambio yo desgraciado tengo el atrevimiento de ingerir todo tu Cuerpo: que no resulte quemado. Mas acéptame, como a aquellas, e ilumina los sentidos de mi alma, quemando mis culpas pecadoras, por las oraciones de La que te engendró sin simiente y de las Fuerzas Celestiales, porque eres bendito por los siglos de los siglos. Amén.

11. Oración de San Juan Crisóstomo

Creo, Señor, y confieso que, en verdad eres el Cristo, Hijo de Dios vivo, que has venido al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales soy yo el primero.

Y más, creo que este es tu mismo Purísimo Cuerpo, y que esta es tu misma Preciosa Sangre. Por eso te imploro tengas piedad de mí, perdóname mis faltas voluntarias e involuntarias, cometidas por palabras o acciones, con conocimiento o por ignorancia, hazme digno de comulgar, sin condenación, de tus Santísimos Sacramentos, para la remisión de los pecados y para la vida eterna.

Versos de San Simeón el Traductor

He aquí que me acerco a la divina comunión.

Creador, no sea yo quemado por comulgar.

Pues Tú eres fuego que quema al indigno.

Mas purifícame de toda iniquidad.

Luego estas oraciones

Admíteme hoy a tu mística mesa, ¡oh, Hijo de Dios!, porque no revelaré este misterio a tus enemigos y no te daré el beso como Judas, sino al ejemplo del buen ladrón, te confieso: Acuérdate de mí, Señor, en tu reino.

Teme, hombre, cuando veas la sangre deificante.

Es una brasa que quema al indigno.

El cuerpo de Dios deifica y alimenta.

Deifica el espíritu y maravillosamente alimenta la mente.

Troparios:

Me has dulcificado con el amor, Cristo, y con tu divino amor me convertiste. Mas consume con fuego inmaterial mis pecados y hazme digno de saciarme del gozo que es en Ti, y al cantar enaltezca, ¡oh, Bondadoso! tus dos venidas.

¿Cómo puedo yo, indigno, entrar en el esplendor de tus Santos? Porque, si me atrevo a entrar en la cámara nupcial, mi vestidura me revela, porque no es vestidura de bodas, y como a un prisionero los ángeles me echarán fuera. Limpia, Señor, la iniquidad de mi alma y sálvame, porque amas a la humanidad.

Soberano, Amante de la humanidad, Señor Jesucristo, Dios mío, no sean para mi juicio estos santos Misterios por ser indigno, sino para purificación y santificación de mi alma y cuerpo, y para prenda de la futura vida y reino. Porque es bueno que yo me una a Dios y que ponga en el Señor la esperanza de mi salvación.

Y otra vez

Admíteme hoy a tu mística mesa, ¡oh, Hijo de Dios!, porque no revelaré este misterio a tus enemigos y no te daré el beso como Judas, sino al ejemplo del buen ladrón, te confieso: Acuérdate de mí, Señor, en tu reino.

ruРусский
azАзербайджанский
sqАлбанский
enАнглийский
arАрабский
hyАрмянский
afАфрикаанс
bgБолгарский
cyВаллийский
huВенгерский
viВьетнамский
elГреческий
kaГрузинский
daДатский
heИврит
idИндонезийский
es
isИсландский
gaИрландский
itИтальянский
kkКазахский
kiКикуйю
zhКитайский
koКорейский
kuКурдский
kyКыргызский
lvЛатышский
ltЛитовский
mkМакедонский
msМалайский
mtМальтийский
mnМонгольский
deНемецкий
nlНидерландский
noНорвежский
plПольский
ptПортугальский
roРумынский
cebСебуано
srСербский
skСловацкий
swСуахили
tlТагальский язык
tgТаджикский
thТайский
tyvТувинский
trТурецкий
urУрду
uzУзбекский
faФарси
fiФинский
frФранцузский
hiХинди
hrХорватский
csЧешский
svШведский
etЭстонский
jaЯпонский



© Russian Orthodox Mission Society of st. Serapion Kozheozersky
write us